El comienzo.
Es como si, de repente, miras el sol esconderse tras las montañas. Hace poco, todo te parecía perfecto: el día radiante, el canto de las aves, las nubes caprichosas y juguetonas —como cuando eras niño, tirado en el césped, buscando figuras que solo tu imaginación podía descifrar—.
Qué gran paradoja: lo que ahora se desvanece es, el comienzo de un ciclo que no sabes porque se dio. No buscas la raíz; solo te das cuenta que las cosas se tornan diferentes.
Lo que antes te parecía normal, maravilloso, o capaz de extasiar, ahora se convierte en algo que nunca imaginaste.
No te atreves a contarlo.
Tienes miedo: miedo de que la noche llegue y te deje completamente solo, atrapado en esa sensación que antes no existía.